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7 nov 2012

¿Me casé con una etiqueta o con una persona real?

Hablábamos de pensamientos irracionales... Aquellos a los que les hemos dado espacio en nuestra manera habitual de pensar.  Aquellos que son provocados por una palabra, una imagen, un gesto, una impresión.  Los que a lo largo de nuestra historia personal hemos ido incorporando a nuestra manera de reaccionar ante los acontecimientos, pero que al día de hoy no representan una manera sana y madura de responder.

Pues resulta que, entre otros muchos pensamientos irracionales, con frecuencia ponemos etiquetas a nuestros(as) cónyuges.  ¿A qué me refiero?  Para explicarlo, hago referencia a un ejemplo de mi juventud.  Sucede que siempre he disfrutado las habichuelas (frijoles) que prepara mi amada madre.  Un día (y sólo por falta de apetito) le contesté con mucha naturalidad que no a un ofrecimiento que me hizo de añadir habichuelas a mi plato.  Por meses no pensé en esa situación, hasta que comencé a percatarme de que no me ofrecía más habichuelas en la cena.  Luego de cariñosamente reclamárselo, me contestó: "es que a tí no te gustan las habichuelas".  Entonces recordé aquel único día en que le había dicho que no, versus los muchos días en que me las había disfrutado.  

Tomo esta sencilla experiencia con mi querida madre para invitarte a que como esposo(a) te preguntes, con mucha honestidad, algo un poco más comprometedor.  ¿Has definido rígidamente algún rasgo de tu esposo(a) a partir de un detalle aislado o aspecto parcial de su comportamiento?  Con frecuencia solemos etiquetar a nuestro(a) esposa(a): "es que eres muy desorganizado(a)", "no te gusta hablar ni compartir en familia", "siempre tan serio(a)", "no te gustan los trabajos de la casa", "eres tan metódico para todo".  No se trata de negar que, en efecto, solemos tener conductas que nos hacen tender a comportarnos de una u otra manera.  Aquí me refiero a cuando etiquetamos, catalogamos de manera rígida, un rasgo del cónyuge que nos permite ahorrarnos el resfuerzo de estar siempre atento a cómo él o ella crece, evoluciona, cambia.  El etiquetaje es una manera de "congelar" la visión que tengo de mi esposo(a) como un mecanismo de evitarme el esfuerzo de conocerle más en profundidad.  De hecho, en ocasiones etiquetamos para tener siempre algo que reclamar en medio de las discrepancias: "lo que pasa es que tú siempre has sido..." 

Este pensamiento irracional al que nos referimos aquí (el poner etiquetas o sellos de marca) puede llegar a convertirse en esa carta que siempre "llevas debajo de la manga" cuando estás a punto de perder una discusión o cuando no quieres explicarle a él(ella) la razón verdadera de tu equivocación.  Siempre existe la salida de poder decirle que "¡yo hice así porque como tú eres tan tímido(a), desatendido(a), serio(a)...!" o "como no te gustan las tareas de la casa, no te gusta salir..." 

El etiquetaje como pensamiento irracional es siempre una excusa para no pasar el trabajo de ver en profundidad una situación determinada, descartando la posibilidad de que la misma nos sirva para confrontarnos, para renovarnos en la manera de aceptarnos y de invitarnos mutuamente a crecer.

Finalmente, ¿qué podemos decir cuando la etiqueta me la pongo yo mismo(a)?  Catalogarme de una u otra manera, ¿no estará siendo una excusa para mantenerme en mi "zona confortable" de no cambiar?  Con esto te invito a que desconfíes cada vez que tengas la inclinación de contestar, ante un enojo con tu esposo(a): "¡si tú sabes que a mi nunca me ha gustado...!, o ¿"por qué me haces otra vez esa pregunta si tú sabes cuál es mi respuesta?" 

Etiquetar al cónyuge puede ser una manera poco sana de ponerle condiciones a una relación a partir de aspectos parciales o "congelados" por mí en el tiempo.  De la misma manera, etiquetarte puede ser una manera cómoda de no cambiar y de justificar unas posturas rígidas que tal vez están haciendo sufrir en el silencio a tu esposo(a).  Te invito a que reflexiones cuánto etiquetas a tu esposo(a) o te estás etiquetando para evitar entrar en la profundidad de una situación.  Como estamos en un contexto de coaching para parejas, no puedo evitar el invitarte a que puedas conversar tus conclusiones con tu esposo(a).  Te aseguro que como resultado sentirás entrar "aire fresco" a tu relación.

Nota: Agradezco las felicitaciones y las muchas sugerencias que estoy recibiendo con respecto a esta iniciativa de blog.  Me comprometo a mirarlas y evaluarlas con la misma atención con que sé que han sido hechas.  Tus comentarios aquí son también más que bienvenidos.

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