Translate

20 sept 2012

¡Yo soy así!

Craig Venter, fundador de unas de las compañías más prestigiosas en investigación genética, que forma parte del grupo proyecto Genoma Humano, concluye: "la maravillosa diversidad de los seres humanos no está tanto en el código genético grabado en nuestras células sino en cómo nuestra herencia biológica se relaciona con el medio ambiente.  Los hombres no son prisioneros de sus genes, sino que las circunstancias de la vida de cada individuo son cruciales en su personalidad". 

¿Por qué desee comenzar este blog con estas palabras?  Porque me parecen un grito a la autodeterminación y libertad, en medio de tantas posturas de dependencia y de acusaciones mutuas: “¡si no fuera por tu culpa…!”, “¡ya ves cuánto me haces sufrir…!”, “te guste o no, yo soy así y ya”, “no me queda más remedio que…”.       

Pero, ¿por qué traerlas en ocasión de hablar sobre las relaciones de pareja?  Aquí sí que hay múltiples respuestas.  Una primera de ellas es para ayudarnos a aceptar que somos condicionados por nuestros genes y nuestras circunstancias, pero no somos determinados por ellas.  Por eso, en la relación de pareja, no caben (sin que nos de un poco de vergüenza decirlo) respuestas como las siguientes: “¡tú me conociste así, no me pidas ahora que cambie!”; “por mi línea paterna todos somos así, fríos, calculadores, poco comunicativos… ¡yo soy así!”; “en mi casa mi padre siempre se relacionaba con mi madre de esta manera, ¡esa es la manera correcta en que los casados deben hacer las cosas y no voy a cambiar!"

Ciertamente, basta poco tiempo de estar casados para darse cuenta de que “cargamos” con múltiples condicionamientos de nuestra genética, nuestras familias y de los procesos de crianza que hayamos tenido.  Maneras de pensar, sentir y hacer que nos resultan más espontáneas y naturales que otras, pero que curiosamente son las que le resultan totalmente sorprendentes, extrañas, increíbles o hasta ofensivas, al cónyuge.  Pero realmente, ¿podemos decir que somos así y ya?  No deja de sorprenderme cómo las tendencias rutinarias de los adultos nos pueden llevar al estancamiento, al desencanto y miedo.  No nos damos cuenta cómo aquellas “manías” que a veces decimos observar en algunas personas ancianas, son las mismas que comienzan a cultivarse desde la adultez, cuando muchos deciden, casi como una reacción visceral hacia su esposo(a), encerrarse y negarse la oportunidad de cambiar y crecer.  El “yo soy así”, que se convierte en trinchera detrás de la cual se esconde el(la) esposo(a) que no quiere cambiar, resulta ser, con el tiempo, el mayor signo de cansancio y muerte con el que podemos cargar…  No es extraño entonces ver “ancianos” a los 40 y jóvenes a los 80 años.  El “yo soy así” nos lleva al camino de lo inerte, las justificaciones y peor aún, la soledad.

Esposo(a), antes de volver a afirmar “yo soy así” como respuesta al reclamo de tu esposo(a), piensa en lo mucho que puedes perder para ti mismo(a) si esa respuesta se instala definitivamente en tu mente y corazón.  Con honestidad, no “somos”… ¡nos hacemos!  Y ese “hacernos” es el bello grito de libertad del cual hablaba al principio y que hoy la ciencia sigue confirmando.  Por eso, contrario a lo que hoy tanto se afirma, la libertad humana obra a favor de tu relación de esposos.  Es garantía de lo que puedes lograr para seguir creciendo y construyendo tu esponsalidad.  La libertad siempre está en función del amor y el amor siempre busca permanecer en relación.                                

Entonces, te invito a que hagas este camino de confrontación propia con tu libertad.  En los próximos blogs hablaremos sobre cómo la manera como pensamos, sentimos y actuamos encierra una clave para provocar en nosotros los cambios hacia una mejor relación de pareja… siempre partiendo de la premisa de que es tu prioridad construirla y hacerla crecer.   

Mientras, qué tal si comienzas a proponerte las siguientes preguntas:
  • ¿Cómo sinceramente te describes?
  • ¿Qué es lo más que valoras de ti?
  • ¿Cuál es tu búsqueda prioritaria en la vida?
  • ¿Qué necesitas para mantenerte consistentemente en esa búsqueda?
  • ¿Qué quisieras cambiar de tí, pero sabes que no podrás lograrlo solo(a)?
Comparte tus respuestas con tu cónyuge.  Seguramente puede ser el inicio de una bonita y fructífera conversación…  

No hay comentarios:

Publicar un comentario